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Vignemale ( 3.298 m ) |
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29-31 de Julio de 2.000: |
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Montañeros: Asier, Gorka, Jesus, Lander, Pelos, Txepe y Xabi
El
Vignemale, también conocido como Grand Vignemale, Pique Longue (Francia) o
Comachibosa (Aragón), es otra de esas montañas con renombre dentro de las
cimas pirenaicas. El porqué de ese reconocimiento salta inmediatamente a la
vista para quien planifica su ascenso, pero se hace aún más evidente para
quien lo lleva a cabo.
Al
planificar su ascenso una cosa parece ser patente para el montañero que gusta
de caminar: su vía normal de acceso ha de ser recorriendo íntegro su glaciar
NE, el Glaciar d’Ossoue, lo cual, a su vez, supone algo más que un simple
caminar. Efectivamente, el Vignemale es el punto culminante de un circo glaciar
orientado al NE, circo que presenta vertiginosas paredes en las vertientes
opuestas a las del circo. Especialmente impresionante es la visión del
Vignemale desde la vertiente norte francesa, desde la zona del refugio de
Oulettes de Gaube.
El
Glaciar d’Ossoue es, probablemente, el más bello de todo el Pirineo; su larga
lengua, salvando un desnivel considerable, se prolonga más de lo que su soleada
orientación podría permitir creer, sin embargo, también se prolonga cada vez
menos año tras año, como le sucede a la mayoría de los glaciares pirenaicos;
y el circo superior, es sencillamente perfecto, agarrándose a las paredes del
dilatado semicírculo rocoso que lo enmarca, el cual lo deja fluir generosamente
como solidarizándose con los montañeros. Pero el glaciar se torna más bello aún
si cabe en la distancia, visto desde el entorno de la Brecha de Roldán, en la
zona de Gavarnie y Monte Perdido, belleza que se torna fragilidad ante su
menguante dimensión en verano.
Es, sin duda, su ascensión por este glaciar (al que se añade un tramo final de fuerte desnivel por roca descompuesta en el que hay que tener cierto cuidado) lo que da al Vignemale su toque especial dentro de las cumbres pirenaicas.

Si a esto le añadimos su
altura, no llega a los 3300 metros por tan solo 2 metros, incluyéndose, por lo
tanto, entre los más altos de la cordillera pirenaica, o su historia,
asociada, sin duda, a uno de los amantes más peculiares del Pirineo, el Conde
Russel, quien ha dejado varias cuevas artificiales, en las que vivió largas
temporadas en pleno monte, sobre el glaciar, estando una de ellas a un paso de
la propia cima, vemos que el Vignemale tiene merecida su importancia dentro de
las cimas pirenaicas según nuestros criterios. Luego cada caminante usará su
imaginería para conferirle otros subjetivas virtudes, sean anímicas o técnicas.
Cada uno es libre de caminar más o de más que caminar.
Accedemos
al Vignemale por la vertiente francesa (sus autopistas y autovías te sitúan
relativamente rápido a la altura de cualquier cima pirenaica, siendo la
aproximación final en el vehículo, por comarcales que llevan a casi todos los
escondidos rincones del Pirineo, lo que demora algo más la llegada), en
concreto lo hacemos por Pau-Tarbes-Lourdes-Cauterets-Pont d’Espagne. Aquí un amplio aparcamiento
(de pago) da acceso a una serie de remontes que te sitúan casi al nivel del
Lago de Gaube, para llegar al cual aún habremos de andar entre poco menos de
una hora.
Desde el lago se va ascendiendo a sucesivas amplias plataformas, siempre
con el río Ouletets de Gaube y su valle como compañero. Es un recorrido
sencillo, sin fuertes desniveles (exceptuando el inicial de Pont d’Espagne al
embalse de Gaube si se decide hacerlo a pie) hasta
el Refugio de Oulettes de Gaube, en la base del Vignemale. En el ascenso
desde el embalse hasta el mismo Refugio de Oulettes de Gaube se sucede la gente
(desde montañeros embotados hasta urbanitas con playeras-etc.) El Vignemale
coge prestancia poco después de dejar atrás el embalse ahora de un color azul
turquesa claro.
El Vignemale comienza a asomarse tímidamente, aunque ya se
intuya vertiginoso, para poco a poco ir convirtiéndose en la majestuosa pared
norte, con su cortado canal izquierdo, visible en su totalidad, con los
glaciares, sus restos en verano, de Gaube y Petit Vignemale, a sus pies, desde
el Refugio de Oulettes de Gaube. Hemos tardado unas tres horas desde Pont d’Espagne
aprovechándonos de los telesillas.
Aquí haremos noche. En éste refugio, Oulettes de Gaube, uno se puede
encontrar todo tipo de personas, desde el yanqui al estilo “El planeta
solitario” hasta un indio de la India ataviado de negro riguroso desde las
botas hasta el sombrero y pelos, pasando por su especie de levita con vuelo
hasta las rodillas, por cierto, también salido del “Lonely planet”, y, por
supuesto, también llegan playeras y más playeras. Nuestros deseos eran haber
avanzado aún otro par de horas más en la ruta de acceso al Vignemale, esto es,
haber subido hasta el Refugio de Bayssellance, pero no había plazas libres
reservables, y aquí estamos. No obstante, son muchos los que inician el día de
ascenso al Vignemale desde este refugio, pudiendo así admirar esta cara norte
del Vignemale. Otros acceden, más rápidamente, al Glaciar d’Ossue desde
Baysselance, y a éste desde el Valle d’Ossoue, por Gavarnie, perdiéndose
estas majestuosas paredes.
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El día ha sido caluroso. Con la noche entran algunas nubes neblinosas a
las paredes del Vignemale, pero no se augura cambio alguno para el día
siguiente. Nos acostamos, pues, confiados en que la noche vele por el día
siguiente.
El día amanece limpio, … bueno, amanecer, amanecer, amanece más
tarde. Comenzamos a caminar bajo las estrellas, acompañados por la mayoría de
los montañeros del refugio, una media hora antes de que las primeras luces
despierten al Vignemale. Iniciamos el día, pues, a la luz de los frontales. Los
rayos rojizos del mencionado amanecer comienzan a iluminar el Vignemale durante
el ascenso al Collado Hourquette d’Ossoue. En el Refugio de Bayssellance nos
tomamos un respiro, aún sintiendo el frescor matinal, lo que obliga a más de
uno a desprenderse de pesos inútiles, si bien ya intuyendo el calor que el día
nos traerá. Desde este refugio se ve un trozo del Glaciar d’Ossoue, el de
acceso a la plataforma superior del glaciar, la entrada al circo propiamente, y
en el rato que permanecemos junto al refugio observamos como pasan por esta zona
del glaciar los primeros montañeros que subirán al Vignemale este día. Una
bella imagen que nos causa una sana envidia y nos pone en movimiento.

Tras un corto descenso (a mendijainko gracias, pues el valle que se nos presenta bajando es tan profundo que, de bajar mucho más, se le quitarían a uno las ganas de volver a subir el desnivel bajado) giramos para encarar el Glaciar d’Ossoue.

Pasamos los acúmulos
glaciares de piedras, las famosas “morrallas”, y al entrar en la nieve del
glaciar nos calzamos los crampones. La nieve está dura sin llegar al hielo
cristalino, por lo que, con la huella fósil de días anteriores y de éste, se
puede ascender, algunos tramos, sin crampones, pero otros más avanzados con
fuerte pendiente y algo más expuestas a caídas largas terminan por obligar a
todos a calzárselos. No hay grietas superficiales, pero hay zonas en las que se
oye e intuye el flujo del agua interior, donde la nieve toma un aspecto más
acuoso, más transparente y helada. Se intuyen esas zonas de grieta en formación
en lugares donde el terreno cambia de inclinación más bruscamente. La senda fósil
permite una avance rápido sin contratiempos hasta la base de la pared de acceso
a la cima, a la derecha sobre la plataforma superior del glaciar.
Mientras reponemos fuerzas junto, pero separados, de la pared, se escucha
el sonido de piedras que caen por la pared por donde la gente asciende. Con tan
mala fortuna, en principio, que una piedra del tamaño de una naranja grande
alcanza en el hombro a una
mujer. Afortunadamente, tan solo será una anécdota más a contar para
quien lo ha padecido. Este riesgo de caída de piedras se hará evidente cuando
comencemos el ascenso final de esta pared, algo vertical pero con numerosos
agarres fáciles, si bien no todos estables. Pero antes de subir hemos de dar
cuenta del paquete de patatas que ha engordado con la subida. Cuestión de
presiones.

Al llegar a la cima, el día sigue tan espléndido como lo que le ha
precedido, pudiendo admirar las espléndidas vistas, aunque desconociendo en
gran medida sus significados. Apenas identificamos la zona de Monte Perdido (¿será
aquel pasillo nevado la zona de la escupidera?), la Collarada (que rico) o el
Midi; el resto son especulaciones matizadas por otros montañeros.

Ya solo nos queda bajar, lo más
importante. De un tirón llegamos a Pont d’Espagne, donde buscamos lugar para
dormir. Lo hacemos en un albergue-bar, a la entrada al valle de Marcadau-Wallon,
valle de acceso al Gran Facha. Hasta la vista.

| TIEMPOS | ||
| PUNTO DEL RECORRIDO | Parcial | Global |
| Pont d'Espagne | ||
| Telecabina | ||
| Telesilla | ||
| (+ 15') | ||
| Lago Gauve | (00:15) | |
| 1h.45' | ||
| Ref.Oulettes | (02:00) | |
| 1h.30' | ||
| Cdo.Horquette d'Ossoue | (03:30) | |
| 15' | ||
| Refugio Bayssellance | (03:45) | |
| 15' | ||
| Descenso (acceso al glaciar) | (04:00) | |
| 1h.45' | ||
| Glaciar (Cabecera) | (05:45) | |
| 15' | ||
| Trepada (cima) | (06:00) | |
| 1h.30' | ||
| Refugio Bayssellance | (07:30) | |
| 1h.15' | ||
| Refugio Oulettes | (08:45) | |
| 2h. | ||
| Pont d'Espagne | (10:45) | |
Texto: Gorka Bastarretxea
Fotografía: Xabier Goikoetxea
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